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martes, 1 de septiembre de 2009

Sunset Café (y II)


Desde aquella tarde, hacía una semana, no había vuelto pasar por el Sunset, todos aquellos recuerdos me hicieron cambiar de hábitos como si de esa manera pudiese modificar el pasado o al menos evitar el sentimiento de culpa que me perseguía. Pero ante la ineficacia de la estrategia, intenté retomar las buenas costumbres, pero ya nada fue igual, el capuccino, la puesta de sol, la musica... no causaban en mí el efecto relajante que durante dos años me habían hecho cliente habitual del local.
Sentado, volví a repasar mentalmente cómo se había acabado lo nuestro, cómo del fuego del amor no quedaron ni los rescoldos, sólo las cenizas del reproche y de la culpa. Como suele pasar en estos casos todo fue gradual y sutil, lo que en principio nos atrajo fue lo que nos separó al final. Semejando a Dédalo e Ícaro emprendimos un viaje juntos de forma equivocada, huyendo de nuestros pasados y sin saber a dónde ir. Tú siempre tuviste más claro que para llegar a donde fuese que íbamos había que volar a una velocidad constante y a una altura predeterminada ni demasiado cerca del mar para no ser abatidos por las olas ni demasido próximos al sol para no ser consumidos por su calor. Yo, sin embargo, ni siquiera sabía si quería llegar a algún sitio, muchas veces necesité sentirme en lo más alto rodeado de una atmósfera abrasadora para inmediatamente dejarme caer en picado hasta que la espuma de las olas salpicaba mi cara, me bastaba con disfrutar el momento, yo era Ícaro y pensaba que te enfrentabas a la vida con alma de funcionaria, sin tomar riesgos, recorriendo caminos trillados por millones de personas, tú eras Dédalo.
En algún momento, como no podía ser de otra forma, el sol derritió la cera de mis alas y el mar se convirtió en el sepulcro de nuestra relación. Tú, como siempre, cerebral y con visión de futuro, te diste cuenta al instante que hacer un esfuerzo por rescatarme hubiese supuesto tu propia caída, así que decidiste seguir tu trayecto. Hiciste bien. Yo, mientras me hundía vi como te alejabas majestuosa, segura, inalcanzable. Nunca fui ave fénix sólo Ícaro.
Dejé el importe de la consumición y una propina exagerada en el platillo y me fui para no volver jamás al Sunset.

viernes, 28 de agosto de 2009

Sunset Café (I)


En el Sunset Café terminan todas mis tardes después de salir de la oficina, siempre más tarde de lo que debiera, con la misma rutina o, mejor dicho, con la misma liturgia consistente en sentarme mientras me libero de la tiranía de la corbata y apenas desanudada y guardada en un bolsillo de la americana, el capuccino descafeinado doble, con espuma de vaporizador (debería haber leyes que penasen con cárcel a los que ponen nata de spray), con un buen punto de canela y un toque de ralladura de limón aterriza en mi mesa mientras el mar va engullendo lenta, pero inexorablemente a un sol que ya no se muestra altivo ni castigador, sino que rojeando se va rindiendo a la noche tiñendo el cielo de tonos naranjas, rosas y morados.
Sin duda es un buen momento, el bar se va llenando poco a poco de gente como yo, cansados del día pero sin prisas por llegar a casa, una casa vacía donde nadie espera. Las conversaciones y las risas se ven sofocadas por la música que suena a un volumen idóneo, lo suficientemente alto como para no oír a los que departen animadamente en las mesas contiguas pero no tanto como para que entre ellos no se oigan y tengan que elevar la voz.

Hoy, al segundo sorbo, comenzó a sonar Shola Ama y me viniste a la cabeza, cuántos recuerdos, qué buenos momentos, sin esforzarme tu sonrisa volvió a iluminar la estancia, tu voz se materializó en mi cabeza, casi llegué a sentir tu mano entrelazada con la mía mientras paseábamos por la orilla de la playa charlando de nada y de todo, al tiempo que las olas borraban las huellas que íbamos dejando, al igual que en algún momento borraron las promesas de amor eterno que nos hicimos.
Algún tipo de justicia cósmica estaba haciendo que el dj estuviese poniendo canciones que fueron la banda sonora de lo nuestro, estoy convencido de que encontrarías la situación bastante divertida pero cuando empezó a sonar Get Here de Oleta Adams, pagué la cuenta y me fuí.

martes, 18 de agosto de 2009

Aquellos Lejanos Años (II): Crimen y Castigo by Helado de Vainilla (Vanilla Ice)


Aunque lo pueda parecer no hablaremos de la obra del autor ruso Fiódor Dostoievski sino de un crimen perpetrado hace años por Helado de Vainilla sampleando el tema Under Pressure de Queen. Crimen por haber destrozado y desaprovechado la base que el bajo de la canción ofrecía para haber hecho un temazo, pero como diría no sé quién "De donde no hay no se puede sacar." y evidentemente castigo para la Humanidad que tuvimos que escuchar "eso", ver el vídeo y encima aguantar sus quejas por no ser tomado en serio en el mundo del rap por, según él, ser blanco.


El pecado de Helado de Vainilla no era ser blanco, era ser peor que pegarle a un padre y no sólo en lo musical sino también en sus maneras de querer ser un pandillero negro, de alguna manera me recuerda al Pipa. Pero a pesar de los pesares, esa canción sonó y sonó hasta incrustarse en nuestra memoria, quién dijo que todos los recuerdos tenían que ser agradables, así que hoy la rescatamos del baúl de los recuerdos. Para evitar demandas judiciales por vuestra parte alegando trauma psicológico severo, no pondremos el vídeo original sino una parodia que sobre el mismo y sobre su autor realizó el actor Jim Carrey.


sábado, 15 de agosto de 2009

El Pipa (I)


Fermín Pinilla Palenque, hijo de José Francisco Pinilla Val y de María del Pilar Palenque Ruiz, nieto por parte de padre de Elpidio Pinilla García y de Joaquina Val Martínez y por parte de madre de Fermín Palenque Alonso y de María del Pilar Ruiz Costa, autodenominado “MC Gangsta”, aunque conocido por sus amigos como el Pipa, nació en Zaragoza a mediados de los ochenta, mal estudiante desde temprano le interesó el hip-hop, qué digo le interesó, él siempre se vio como un negro atrapado en un cuerpo de blanco, su atuendo en absoluto desentonaría en los barrios marginales de Los Ángeles aunque en Torrero hiciese que muchas cabezas se girasen al verle pasar. Caminaba con ritmo correspondiendo el avance de una pierna con un escorzo del hombro contrario.
El Pipa no sabía el nombre de ningún director de cine español pero se había visto todas las películas de Spike Lee, en las que los cabrones blancos oprimían a los negros en los guetos de las grandes urbes norteamericanas. El rap fluía por sus venas impulsado por sístoles y diástoles de rabia y frustración. Se sentía solidario con sus hermanos del gueto lejano, él también vivía en uno no hecho de manzanas de edificios sino de incomprensión cultural aunque se sentía vivo al nadar a contracorriente: escuchar música minoritaria, hablar jerga spanglish, vestir camisetas de equipos americanos de baloncesto, hockey, béisbol o fútbol americano le hacía sentirse distinto, distinguido del resto de los mortales con los que se cruzaba.
Fermín dejó los estudios en el séptimo de E. G. B. porque, esta teoría la fabricó años después, los putos profesores, infantería del sistema, sólo se dedicaban a formar hormigas obreras para seguir alimentando a los mismos a costa de los de siempre. Oh, man! Contra toda esa mierda rapeaba con furia versos de rimas inconsistentes, nunca se le ocurrió que la clase de lengua podía haber contribuido a dar forma a sus “poemas urbanos”. Pipa no era esclavo de la métrica, lo importante era transmitir lo que quería decir, las sutilezas estilísticas no figuraban en sus cánones creativos. Cargaba contra todo y contra todos desde su micro. Él no era un esclavo del sistema, entraba y salía cuando le venía en gana. Durante la semana se levantaba tarde, desayunaba y se iba con los colegas, sus hermanos de vida, a escuchar gansta rap mientras bebían cerveza y hablaban de sus cosas. Comer, dormir, vestir, salir y los vicios corrían a cargo del Paco y la Pili, sus padres, las hormigas obreras que se consumían la vida uno pintando casas y la otra despachando en un súper del barrio. Él había tenido mala suerte con eso del curro, los sucesivos jefes que le habían tocado en su azarosa trayectoria laboral estaban todos cortados por el mismo patrón: mierdecilla con ínfulas incapaz de comprender un espíritu rebelde y contestatario como el suyo. A todos más pronto que tarde les había tenido que mandar a tomar por donde amargan los pepinos. Puto mundo injusto, lleno de borregos y tiranos de medio pelo sin talento alguno que en cuanto veían a alguien diferente, a alguien con aspiraciones, les faltaba tiempo para intentar hundirlo. Sí, Fermín tenía aspiraciones, todas ellas estaban recogidas en cualquier vídeo musical de sus grupos y MC’s preferidos, éxito de ventas de sus composiciones que traerían chicas, coches, ropa cool y un estilo de vida con el que cerrar muchas bocas, y todo ello sin perder su independencia gangsta. Es decir, que el anti sistema MC Gangsta, sin saberlo, quería desesperadamente formar parte del mismo, consumir, gastar, quemar pasta, tías y bugas, ser un bad boy del star system.
Pipa se sabía tocado por una exclusividad genuina que incluso provocaba envidias en el ambiente hip-hop en el que se movía, sino cómo se puede concebir la crítica aparecida en El Heraldo en la que la pelea de gallos en la que había pasado dos cara a cara se la hubiese calificado de: ”…en el centro cultural de Torrero tuvo lugar anoche una pelea de gallos, término con el que en el mundo del hip-hop se denominan a la competición entre dos MC que se van turnando en rimar durante un período de tiempo y en la que al final el público elige al vencedor que pasa a la ronde siguiente, en este caso más que pelea de gallos parecía caja de grillos. Las bases malas fueron adecuadamente secundadas por rimas peores, no nos atrevemos desde estas líneas a asegurar si el MC vencedor era el mejor o el peor de los participantes. Chicos hay vida después del joder y del puto.” ¿Caja de grillos? ¡Que jodan a ese puto chupatintas de mierda! Pensó cuando leyó la reseña en el bar.

viernes, 7 de agosto de 2009

Aquellos Lejanos Años(I)



Bajo el título "Aquellos lejanos años" pretendemos agrupar posts en los que iremos incluyendo sin ningún orden concreto aquellas canciones y grupos que significaron algo para nosotros y que dejaron su granito de arena en nuestra memoria sonora. En absoluto será un listado exhaustivo de nuestro bagaje musical, serán como los destellos que se vienen a la mente cuando hablas con alguien y una palabra suya te hace exclamar: ¡Es verdad, te acuerdas!

Hoy al estar enredando con la web Who sampled, que tenemos enlazada en nuestro Facebook, surgieron, de forma súbita, de un click al azar los De La Soul , sí, sí, los de Me, Myself and I y especialmente Ring, Ring, Ring (Ha, Ha, Hey), en la primera canción con un look capilar bastante común por aquel tiempo, pelo cardado y cortado asimétricamente, vamos lo que en mi pueblo llamamos montera picona.

Hoy os ponemos el vídeo del segundo tema que se hizo siguiendo las pautas dominantes en los clips de la época recortando siluetas sobre fondos blancos (comparar con los vídeos de MC Hammer y de Technotronic por ejemplo).






De La Soul - Ring Ring Ring